• Luis Miguel Romero

La Princesa Yamal y el Museo de Antropología.

Actualizado: 26 may

Por Luis Miguel Romero

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En 2018 se estrenó la película mexicana Museo, dirigida por Alfonso Ruizpalacio, con un guion del mismo Ruizpalacio y Manuel Alcalá y protagonizada por Gael García Bernal. Pues bien, esta película está basada libremente en un hecho real: el terrible saqueo del que fue objeto el Museo Nacional de Antropología e Historia de la Ciudad de México en la navidad de 1985 a manos de dos estudiantes de medicina: Carlos Perches y Ramón Sardina. Pero este terrible crimen que cimbró a México, tiene también entre sus protagonistas (o mejor dicho entre sus víctimas) a un personaje singular: la vedette Princesa Yamal.



Fue en el año 2010 cuando Manuel Alcalá tuvo la gran idea de filmar una película sobre aquel histórico saqueo al antes mencionado museo. En ese momento, Alcalá era compañero sentimental de María José Cuevas (hija del venerado artista plástico José Luis Cuevas). En su investigación sobre los sucesos y en su búsqueda de los protagonistas de aquella historia, viajaron al puerto de Acapulco, donde encontraron a Isabel Camila Masiero, nombre real de la vedette de origen argentino “Princesa Yamal”, una de las glorias de la vida nocturna que engalanó la capital mexicana en los 1970’s y 1980’s. Este fortuito encuentro tuvo un resultado esplendoroso: Cuevas tuvo la idea de hacer un documental para contar la vida, obra y drama de Yamal y de otras de sus contemporáneas, las Reinas de la Noche del cabaret y el burlesque. Cuevas y Alcalá finalmente terminaron su relación sentimental y profesional, pero de ese instante derivó una gran joya del documental mexicano: Bellas de noche (2016).



En 1985, la Princesa Yamal aún estaba en los cuernos de la luna. Había llegado en 1977 a México luego de alcanzar fama y fortuna en Centro y Sudamérica. En México triunfó no solo en los grandes escenarios cabaretiles, sino que también participó en algunas películas del género de la comedia erótica mexicana. Yamal era poseedora de una impactante belleza; unos rasgos peculiares, exóticos, algo felinos y un cuerpo verdaderamente monumental. Su especialidad eran las danzas árabes. Pero el trágico destino puso a Yamal en contacto con un hombre, un narcotraficante llamado José Ramón Serrano. Este hombre tenía relación amistosa con los ya mencionados autores del robo al museo, Perches y Sardina. Yamal solo los conocía grosso modo. En realidad poca relación tenía con ellos. El gran pecado de Yamal fue tener conocimiento del robo y guardar silencio por respeto a una amistad. Cuatro años más tarde, cuando el presidente Carlos Salinas de Gortari recién había asumido el poder, comenzó una cacería exhaustiva para hallar a los bandidos responsables del robo al museo ocurrido hace ya cuatro años, y que además había puesto en evidencia el precario sistema penal mexicano, la pobreza en los sistemas de seguridad de un recinto que alberga piezas arqueológicas de un valor incalculable y de paso, la seguridad precaria con que contaban espacios como este en México. O sea, una vergüenza para la nación. En algún momento el nombre de la Princesa Yamal salió a colación. Y como era la famosa, la estrella, la artista del grupito, la prensa se volcó sobre ella. Yamal fue arrestada, humillada y forzada a declarar y aceptar su participación en un hecho en el que era totalmente inocente, y purgó una condena de dos años y nueve meses en la prisión femenil de Tepepan, al sur de la Ciudad de México, hecho que acabó con su carrera artística y la obligó a separarse de su hija, una niña de tan solo dos años de edad.



¿Fue la Princesa Yamal un chivo expiatorio? Es evidente que sí. La misma vedette dejó a entrever que conocía al entonces Primer Mandatario del país. Se rumora incluso que su encarcelamiento fue una venganza por algún rechazo o desplante. Hay verdades que es preferible que nunca salgan a la luz.



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