• Luis Miguel Romero

Divas: Dolores del Río

Actualizado: 22 sept

Por Luis Miguel Romero

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¿Qué es una Diva? De acuerdo con la red, el término deriva de “Divino”. Una "Diva" sería entonces, una especie de diosa. En el siglo XX, el término de Diva comenzó a emplearse en la industria cinematográfica para designar a un conjunto bien específico de actrices que alcanzaron una fama superlativa. Mujeres a la que, la misma industria, pero sobre todo el imaginario colectivo del público, les crearon a su alrededor un aura de misterio y fascinación, un mito. México vio nacer en su tierra a uno de los mitos más bellos y fascinantes del Séptimo Arte. Se trata de la legendaria Dolores del Río.




María de los Dolores Asúnsolo López Negrete nació el 3 de agosto de 1904 en Victoria de Durango, Durango, México. Hija del banquero Jesús Asúnsolo y de la aristócrata Antonia López Negrete. Sus padres pertenecían a esa aristocracia añeja que aún sobrevivía en México en el periodo del Porfiriato (1884-1911) . Nacida en cuna de plata, la pequeña Dolores y su familia vivieron en carne propia los estragos de la Revolución Mexicana (1910-1917). El conflicto bélico obligó a su familia a mudarse a la Ciudad de México, donde la joven Dolores se crio, recibiendo una educación completamente monástica en el Colegio Francés de la capital mexicana, dirigido por monjas católicas. Admiradora de la danza interpretativa, comenzó a practicar este género y a realizar presentaciones en bailes de gente de sociedad. Fue justo en uno de estos bailes cuando Dolores conoció al aristócrata Jaime Martínez de Río. Este culto y elegante caballero, 18 años mayor que ella, terminará convirtiéndose en su primer esposo en 1921. Por desgracia, el joven matrimonio enfrentó una severa crisis económica tras volver a Durango después de la luna de miel. La pareja se instala entonces en la Ciudad de México. Y fue allí, cuando en 1925, Dolores conoció al cineasta estadounidense Edwin Carewe, quién se encontraba de paso en México. Este hombre quedó prendado de la belleza de Dolores. Y la única forma que se le ocurrió para tenerla cerca era ofreciéndole trabajar en la industria fílmica de Hollywood. Así fue como Dolores emprende su viaje a La Meca del Cine a iniciar su mito cinematográfico.



Dolores del Río debutó en el cine en la cinta "Joanna", bajo la dirección de Carewe en 1925. Si el actor Rudolph Valentino puso de moda a los galanes morenos en Hollywood, Dolores hizo lo propio en el género femenino. En el periodo crepuscular del cine silente estadounidense, Dolores se consagra como una estrella, protagonizando éxitos como "Resurrection" (1927), "Ramona" (1928) o "Evangeline" (1929).

Por desgracia, su marido no fue capaz de compartir su éxito. la pareja se divorcia en 1928. Dolores también se deshizo de la invasiva tutela de Carewe, y en medio de esta independencia personal y profesional, debuta en el cine sonoro en 1930.



Con la llegada del sonido, la carrera de Dolores enfrenta un gran desafió, pues fue la tumba de la carrera de muchas estrellas de la era silente. Ella pasó la prueba y además experimenta un cambio en su imagen, abandonando su imagen “exótica” y convirtiéndose en una de las grandes princesas de Hollywood. En 1930, Dolores contrae segundas nupcias con Cedric Gibbons, el director artístico de la MGM. De esta etapa de su carrera sobresalen sus trabajos más recordados en Hollywood: "Bird of Paradise" (1932), "Flying Down to Rio" (1933) o "Madame Du Barry" (1934).


Para finales de los 1930s, en un mundo sumido en la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, la carrera de Dolores sufre una declive en Hollywood. En medio de este proceso, Dolores se divorcia de su marido para vivir un intenso y apasionado romance con el genio cinematográfico Orson Welles.



Quizá muchos lo ignoren, pero gracias a Dolores, Welles tuvo la idea de realizar su obra maestra, la mítica película "Citizen Kane" (1940). Lo malo es que Welles lo que tenía de genio, lo tenía de infiel. Dolores rompe su compromiso con el. Ante este panorama. la actriz decide regresar a México en 1943, tras 18 años de trabajar de forma ininterrumpida en los Estados Unidos.



Al momento de su regreso a México, el Cine mexicano florecía en su llamada Época de Oro. y nuevamente Dolores capta un admirador incondicional: el cineasta Emilio “El Indio” Fernández. Enamorado de Dolores, Fernández la convierte en la estrella de varias de sus cintas más aclamadas: "Flor Silvestre", "María Candelaria" (ambas de 1943), "Las abandonadas", "Bugambilia" (ambas de 1944) y "La malquerida" (1949).


En México, Dolores se convierte en eje y foco de atención de figuras connotadas del arte y la cultura, tales como Diego Rivera, Frida Kahlo, Salvador Novo, Rosa Rolanda y un nutrido clan artístico que la plasman en obras o le dedican poemas y hasta canciones. Además de trabajar en México, Dolores también filma en Argentina (1947) y en España. En 1959, Dolores se casó por tercera ocasión con el empresario estadounidense Lew Riley, quien la acompañó hasta el final de su vida.




En 1960, Dolores vuelve a Hollywood tras 17 años de ausencia, para acompañar a Elvis Presley en la cinta "Flaming Star". Para ese momento el cine mexicano también había decaído, por lo que Dolores se incorpora a nuevos medios como la televisión (en los Estados Unidos) y el el teatro. Se le recuerda por montajes teatrales como "Anastacia" (1956), "El abanico de Lady Windermere" (1957), "Espectros" (1961) o "La Dama de las Camelias" (1970), entre otros.


En sus últimos años, Dolores se muestra comprometida con el arte (como parte de la Sociedad Protectora del Tesoro Artístico de México), el cine (como organizadora de las reseñas de cine de Acapulco), la cultura (fue una de las fundadoras del Festival Cervantino de Guanajuato), la infancia (como vocera de la UNICEF en Latinoamérica) y el sindicato de actores de México (fue líder del grupo sindical “Rosa Mexicano” de la ANDA y fundadora de las Estancia Infantil de la misma). Su última aparición en pantalla fue en la película méxico-estadounidense "The Children of Sanchez" (1978).




Al final de su vida, a Dolores le aquejaban varias enfermedades. Padecía de artritis y problemas hepáticos. Tras algunos años con una salud muy deteriorada, falleció en su apartamento de Newport Beach, California, el 11 de abril de 1983 a los 77 años de edad. Fue incinerada y sus cenizas depositadas en el Panteón Dolores de la Ciudad de México. En 2005, tras haberse celebrado su centenario, sus cenizas se trasladaron a la Rotonda de las Personas Ilustres, ubicadas en el mismo panteón. Dato curioso: el día de su muerte había sido invitada a presentar un premio de la entrega del Premio Óscar en Hollywood.



Hoy en día, gracias al internet y a las las redes sociales, el mito de Dolores del Río ha sido rescatado y apreciado por las nuevas generaciones en ambos lados de la frontera. Y es que Dolores fue la primera mexicana, y también la primera latina, en convertirse en una estrella de reconocimiento masivo en Hollywood, y por ende, en el mundo entero. Estatuas, murales, pinturas y un montón de tributos más, tanto en México como en los Estados Unidos, hacen tangible la fascinación que esta bella mujer mexicana causó en el mundo entero.


En la actualidad, muchos actores mexicanos están plantando la bandera en la industria fílmica o televisiva estadounidense o de otros países. Dolores del Río logró este reconocimiento hace casi un siglo. Es importante conocer y preservar su carrera y legado, y además, seguirse fascinando con ese rostro tan bello y especial que representó, por muchos años, a la mujer mexicana en el mundo entero.



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LECTURA SUGERIDA:


*David Ramón: “Dolores del Río”, Ed. Clío, 1997.


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